
Gafas de sol
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El sol, la luz y el ojosEl sol es una bola de gases incandescentes, sometidos a presión y temperaturas extraordinarias, que emiten al espacio todo un conjunto de radiaciones. La radiación solar que llega a nuestros ojos, una vez ha atravesado la atmósfera, solo es visible en una pequeña parte. Hace millones de años, esta porción de radiaciones cuantitativamente mas importantes, dieron lugar a que los primeros seres vivos crearan y desarrollaran las primeras estructuras sensibles para detectarlas, como respuesta adaptativa para su supervivencia y evolución. A esta parte de las radiaciones solares, detectadas e interpretadas por nuestros ojos y por los de la mayoría de animales, las llamamos luz visible o simplemente “luz”. Las distintas radiaciones visibles que forman la luz, corresponden cada una a un color distinto (rojo, naranja, amarillo, vede, azul, añil y violeta) y la suma de todas ellas da lugar al color blanco. Cuando la luz llega a la tierra se produce un fenómeno de absorción de una parte de estas radiaciones y la reflexión de otras en el cielo y en el paisaje, sobre cada persona, animal, vegetal y objeto que nos rodean y de esta forma, según la clase de radiaciones que cada uno refleja, percibiremos uno u otro color.
Radiaciones nocivas visiblesLa difusión (desviación desordenada de los rayos luminosos) de la luz en la atmósfera (y también en el interior del ojo) es mayor para las radiaciones visibles de más energía, como las correspondientes a la luz azul. Estas radiaciones, ocupan una gran parte del espectro luminoso visible y son el principal factor de deslumbramiento y de reducción de la capacidad de percepción de los contrastes. Los efectos negativos de la “luz azul” sobre la visión son especialmente acusados en ojos sensibles, para los que un ligero deslumbramiento se hace intolerable. La exposición reiterada a la “luz azul” acentúa de forma progresiva la “fotofobia” (molestias de la luz) y acaba por disminuir la capacidad de adaptación a los cambios bruscos de iluminación.
La energía ultravioleta, uso y abusoLos rayos ultravioletas (U.V.) forman: Los U.V. “A”, también conocidos por “luz negra”, “ultravioletas de onda larga” o “ultravioleta próximo”, tienen multitud de aplicaciones tanto científicas o técnicas, como en estética (los famoso rayos “UVA” bronceadores) o recreativas (efectos luminosos en discotecas). Los U.V. “C”, o “ultravioletas de onda corta” son prácticamente absorbidos por el ozono de las altas capas de la atmósfera, por lo que al menos en la actualidad y en general (prescindiendo del “agujero del ozono”) no son radiaciones que actúen directamente sobre los seres vivos. Aunque en su justa medida, las radiaciones ultravioleta no solo no perjudican sino que incluso benefician a la salud, favoreciendo el crecimiento, aumentando la inmunidad a las enfermedades y la capacidad de resistencia, su abuso puede llegar a producir serios trastornos. La exposición intensa y continua a los ultravioleta, sin la protección necesaria; dará lugar a quemaduras, envejecimiento e incluso cáncer de piel. En las mismas condiciones, los trastornos a nivel ocular son igualmente importantes, afectando a la parte anterior y transparente del ojo (“cornea”), a la “conjuntiva” (membrana ocular fina y transparente que reviste la superficie interna de los parpados y parte del ojo) en forma de alteraciones celulares cancerigenas y/o en el “cristalino” (lente intraocular que permite la adaptación visual del ojo a diferentes distancias) en forma de “cataratas” (perdida de transparencia del “cristalino”)
Mecanismo naturales de protección solar
En condiciones normales de exposición solar, el ojo dispone de mecanismos naturales de protección, su estructura mayoritariamente acuosa presenta una gran absorción de los llamados rayos “infrarrojos” (radiaciones próximas al color rojo, “infra” etimológicamente “por debajo”) por lo que prácticamente no alcanzan la retina. Dentro del ojo, la “pupila” (diafragma ocular), reduce su diámetro cuando la cantidad de radiación luminosa en el ambiente es importante, a su vez, el “cristalino” absorbe las radiaciones ultravioleta evitando su contacto con la “retina”.
Entornos de riesgo y filtros de protecciónEn determinados entornos los mecanismos de protección oculares no son suficientes, llegando hasta el extremo de que el mismo órgano de protección se pueda deteriorar por un ataque excesivo de radiaciones nocivas. Es el caso del “cristalino” expuesto a una fuerte radiación ultravioleta, ya sea durante un periodo largo de tiempo o por acumulación de exposiciones más breves (efecto acumulativo). En estas circunstancias, su papel “absorbente” de los ultravioletas es causa de deterioro orgánico y funcional, sufriendo cambios histológicos y alteraciones químicas que le conducirán inevitablemente a la perdida progresiva de transparencia (“cataratas”). Al margen del tiempo y frecuencia de exposición, los entornos de riesgo son aquellos en los que la presencia de radiaciones nocivas esta por encima de lo habitual. La playa, el mar, la montaña (sobretodo la alta montaña) y la nieve son entornos de fuerte exposición solar, potenciales fuentes de complicaciones visuales si no usamos unas gafas de sol adecuadas. |
